Ese último "cuidado", la última palabra que recuerdo antes de ahora. Pero, ¿Dónde estoy? Todo negro, esa sensación de vacío y soledad. Yo, sola en un lugar desconocido. No se oye nada ni se ve nada. Todo es oscuridad y más oscuridad. ¿Qué pasa? ¿Qué me ocurre?

Intento hablar, pero las palabras resuenan en mi cabeza y soy incapaz de de mover los labios, incapaz de pronunciar una sola palabra. Me rindo. Mis esfuerzos no sirven para nada. Estoy paralizada en el suelo. Me duermo. Tengo un bonito sueño. Un sueño en el estoy con mis amigos y amigas hablando y riendo. Me despierto con el deseo de que todo vuelva a ser normal. Pero no, todo igual, oscuridad y soledad. Entonces me viene un horrible pensamiento: "¿Y si estoy muerta? ¿Y si ya se me ha acabado todo?"

Pienso en mi familia, en mis amigos y en la gente que me quiere. Pero sobretodo en mi madre.

Entonces oigo ruidos, susurros. Escucho bien y oigo a alguien que dice: "tranquila señora, sus constantes se han estabilizado, pronto despertará."

Despertar, ¿de qué? ¿De un largo sueño? Pero, y si... ¿Y si estaba en coma?

Noté que alguien me apretaba la mano, pero yo no podía moverla. La mano, una mano cálida y familiar. Con mucho esfuerzo intenté abrir los ojos. Estaban pegados. Como si hiciera mucho tiempo que no se abrieran. Lo conseguí. Una luz blanca me cegó. Me costó mucho recuperar la vista. Cuando lo conseguí, lo primero que vi fue a mi madre. Esa madre que tanto quería y tanto había pensado en ella. Me abrazo con fuerza. Estaba temblando y noté que se puso a llorar. Lloré con ella.

Me contó todo lo que había pasado. El accidente. Ese terrible accidente. Pero ahora ya estaba todo bien.

Miré la pared de la habitación del hospital, había un calendario colgado. Pude leer seis de octubre. El último día que recuerdo antes de hoy era once de junio. Habían pasado cuarto meses. Cuatro meses en los que yo había estado en coma. Sin despertar.

 Cristina